lunes, 23 de noviembre de 2009

Insensibilidad

Insensible.
Trataba de permanecer así, apartada del mundo sensorial, libre de todo tipo de sentimiento, de emoción. Había borrado, tirado, quemado, destrozado tus recuerdos; había limpiado las lágrimas y los rastros que éstas habían dejado en la blanca funda de mi almohada. Me había jurado que nunca más volvería a recordarte, a entristecerme por tu ausencia, a reclamar ese amor que no me pertenecía.

Pero regresé.
Una vez más caí en tus redes, aquellos crueles lienzos que como una araña entrelazaste por el mero placer de atraparme en ellas, de quitarme la libertad que tu olvido tentaba con otorgarme. Me enredé entre tus finos cabellos castaños y me perdí nuevamente en aquel mar de alucinaciones que tus besos y caricias aspiraban provocarme. El calor de tus abrazos me resultó abrasivamente consolador, me volví nuevamente adicta a tu perfecta esencia de fascinador inquebrantable.

Sólo entonces, tras llegar a ese punto sin retorno, caí en la cuenta de que estaba perdida. Perdida-mente enamorada de ti.



lunes, 2 de noviembre de 2009

El veneno de la venganza

Sus labios se despegaron de los de él con una suave resonancia hueca. Deslizó su mano a través de la de él y disfrutó de aquel agradable aroma que desprendía su piel. Un tanto húmedo, pero a la vez dulzón.

- Te quiero –murmuró, dándole un último beso en la mejilla. Sin despegar sus ojos de él mientras se alejaba, desapareció del recibidor escaleras abajo, en dirección al sótano. Al ingresar a su Sala Común, descubrió a su mejor amiga esperándola. Con una sonrisa de oreja a oreja le contó con todos los detalles la maravillosa velada que había pasado junto al joven más guapo de Slytherin… y de todo el colegio. No podía creer lo afortunada que era. Ella, una humilde tejona, junto a la más elegante y sofisticada serpiente. Era simplemente perfecto…

Excepto por una cosa. No tenía la más remota idea de que no habían sido los únicos presentes durante su paseo por los oscuros terrenos a la romántica luz de la luna. Otro par de ojos, coronados por una lengua bífida, la habían estado observando.

Al dormirse aquella noche tuvo un sueño. Caminaba por el bosque, disfrutando del arrullador murmullo de las hojas, en la soledad más atrayente que hubiese estado jamás. Los pies descalzos acariciaban la hierba fresca y sus largos cabellos revoloteaban con el susurrar de la fresca brisa de primavera. Un siseante movimiento a sus espaldas quebró la paz que la rodeaba, haciendo que se detuviese. Se volteó de manera abrupta para encontrarse con una gran boa pitón de un escalofriante color naranja frente a ella. Sus ojos rojos penetraron sus cuencas oculares, produciéndole una aguda punzada de dolor en la sien. Sin embargo, no podía moverse. La belleza aterrorizante que poseía el reptil constrictor la hipnotizaba. La serpiente se acercó y se deslizó entre sus piernas, comenzando a enroscarse entre ellas. En cuanto comenzó a presionar…

Despertó con un histérico grito, bañada en sudor y con la respiración agitada. Aún a pesar de ello, pudo notar un leve movimiento en las cortinas de su cama, lo que la hizo aterrorizarse aún más. Prestas acudieron sus compañeras de cuarto, intentando calmarla. El dolor era aún muy reciente y al examinar sus tobillos, unas ligeras marcas rojizas se podían observar en ellos. La calmaron justificando que las sábanas probablemente se habrían enroscado en su cuerpo cuando dormía, aunque esa noche ninguna pudo volver a descansar tranquila.

A la mañana siguiente, su vida continuó tan utópica como siempre, las mismas clases, el almuerzo, el agradable descanso de la tarde, la cena en el cálido ambiente del Gran Comedor… él. Otra noche más que pasaba en su compañía y ya podía sentir como su ser se estremecía con su mera presencia. En uno de esos paseos que a pesar del escaso tiempo juntos ya eran un hábito, algún tronco traicionero hizo que su querido amor cayera y se lastimase el brazo con el roce agresivo contra la hierba. Como no era nada preocupante, decidió ir a la enfermería. Pero ella no. Era demasiado atrayente la inusitada calma que se podía observar precisamente aquel día.

Se quedó recorriendo solitaria las grandes extensiones, cuando una fugaz agitación entre los arbustos del bosque lindante llamó su atención. Sabía que era peligroso, pero la curiosidad podía más que ella. Se aproximó con cautela, pero percibió otra sacudida entre los árboles de más allá. Decidida a no fracasar en su exploración, continuó avanzando hasta que pronto se encontró en el bosque. En el mismo lugar que su pesadilla. Otra vez ese susurrante vaivén a sus espaldas. Comenzó a sudar y sus extremidades a temblar. Se giró lentamente y se encontró con…

- Tú… ¿Qué haces aquí? –a su pregunta unos fríos ojos marrón rojizo le devolvieron la mirada-. ¿Tú que haces aquí? –siseó ella – creía que estas horas no eran propias para que los tejones anduvieran sueltos por el bosque… Cualquier depredador podría atacarlos… -su voz sonó claramente como una advertencia, una amenaza.

- Yo… Estaba… -comenzó, dubitativa. Sin embargo, la Slytherin la interrumpió. -Con él, ¿verdad? Al parecer, una estúpida y horrorosa sangre sucia puede mover montañas, mientras una se tiene que resignar con agarrar las sobras.

- No es… -trató de justificarse, pero no tuvo tiempo de nada más. –¡Silencius! Por mucho tiempo pensé que no era cierto, que él no podría fijarse en ti. Pero veo que me equivocaba… No… - la detuvo, al ver que amenazaba con salir corriendo. -¡Locomotor mortis! –las piernas de la pobre Hufflepuff se pegaron una contra la otra, impidiéndole moverse con facilidad.

- ¿Acaso planeas huir? Vengo pensando esto desde que vi su mirada puesta en ti. Y no te escaparás. No, no –gruñó la esbelta morocha. Su figura alta de séptimo año atemorizaba a cualquiera. Incluso aunque estuviese en sexto, como la otra. –Ahora verás lo que le pasa a aquellas que juegan con fuego…

Con un rápido latigazo de su brazo la golpeó contra un árbol cercano. Hizo surgir de la punta de su varita una cuerda y la ató a él. Cuando la tuvo bien aferrada, esbozó una sonrisa cubierta de malicia. Se acercó a ella y con el rostro lleno de placer insano, acarició su regordeta y rosada mejilla con su lengua.

- El dulce sabor de la inocencia… Lástima que después de hoy no vaya a quedar nada de él –comentó despreocupadamente, adquiriendo un leve tono amenazador luego. –Ni de ti. Estamos en terrenos cercanos al territorio de las acromántulas, ¿sabías? Y he oído que están hambrientas de carne fresca… Tu pareces tener suficiente, ¿verdad? Lástima que nadie venga a rescatarte, pues no podrán oírte… –soltó una escalofriante carcajada que hizo erizar el vello de la tejona. Se acercó a escasos centímetros de su rostro y murmuró, por última vez:

– The itsy bitsy spider went up the water spout… - una risita entre infantil y malvada inundó los oídos de la pobre y desdichada Hufflepuff, antes que la morocha se retorciera en un repentino espasmo y cayera al suelo en forma de boa pitón anaranjada. El reptil rodeó los pies con su cuerpo cilíndrico y ascendió por el tronco hasta llegar a la altura de la asustada cara de la chica. Su lengua bífida acarició por última vez las mejillas ahora carentes de color de la muchacha y volvió a pegarse al suelo, para desaparecer de allí.

La desesperación y la agonía eran las únicas presentes en el delicado cuerpo de la rubia tejona. Las lágrimas recorrían sus mejillas en un silencioso quejido desgarrador. El silencio era quebrado solamente por el ruido producido por el viento al recorrer travieso el espacio entre los árboles. De pronto, su intuición femenina pudo percibir otro sonido distinto. La música distante de los festejos de Halloween en el castillo llegaba a sus oídos. Extenuada, entrecerró los ojos… Nadie iría a rescatarla, moriría allí. Un chasquido de pinzas a sus espaldas hizo que se le erizara nuevamente la piel. Entonces supo que era el final…