jueves, 1 de septiembre de 2011

Pandemonium

Solitaria es el alma del que espera, aferrada dulcemente a una plegaria.

Las tristes notas de un violín desafinado resuenan en el fondo de mi corazón, desgarradoras. ¿Quién ha osado desafiar a esta intrépida y valerosa fémina que hoy llora y desespera? ¿Qué razón me ha llevado a gritar, clamando una pena que en mi eterno mutismo fui incapaz de silenciar? 

Envuelta en el cobijo de la vana esperanza, perdida en el mar de la agonía, deslizo mis dedos sobre la superficie del cristal empañado y te contemplo, distante, lejano. Recuerdo aquellas noches cuando paseábamos a la luz de las estrellas, revoloteando cual mariposas en plena primavera. Dos jóvenes ingenuos, radiantes y lozanos.

No encuentro un motivo fehaciente para explicarte la pena que me corroe el alma, aunque me sobran razones para justificarla. Los desesperantes compases de una melodía poco propicia para una noche tan melancólica parecen ansiosos por quitarme la calma.

Te deseo. Esto va más allá de una simple necesidad espiritual. Te quiero para mí con ferviente y ardorosa ansiedad. ¿Qué me impide acercarme? El hecho de alejarte aún más.

Vuelve. Regresa al lugar del cual nunca te has ido, porque verdaderamente en él jamás has estado. No me busques, encuéntrame. Líbrame de todo vacío, de todo mal. Entiéndeme, mas no intentes comprenderme. 

Suena vacío cuando yo lo digo, pero si al menos lo intentaras, verías que es en esencia más ferviente cuando lo sientes.

Detenlo. Páralo ya. Mantén quietas las malditas agujas de aquel estúpido reloj de arena que no deja de correr. Rómpelo. Pero no dejes que los pequeños granos de azúcar escapen de tu presencia. Ahuyenta a las hormigas. Aleja los malos vicios.

Y llámame. Cuando todo haya terminado, cuando sepas que al despertar ya no habrá más sombras. Quiero luz. El fugaz resplandor de un rayo en la tormenta. Con eso bastará. 

Mójame, hazme sentir viva. Recuérdale a la lluvia que yo estoy aquí, que la espero. Igual que a ti. Pero tú ya estás en este lugar. ¿Realmente te has ido alguna vez? No entiendo. Es todo muy confuso.

Cállame. No me dejes seguir escribiendo. Córtame las manos, apaga mis pensamientos. Azótame. Lastímame hasta que ya no pueda esbozar un solo quejido para aplacar el suplicio. Y cuando me sea imposible caer más hondo… Elévame. Regrésame a la realidad con un beso en la frente y una caricia en el mentón. Hazme sentir una niña otra vez, devuélveme la alegría de sentirse inocente. Embriágame con tu sabiduría y enséñame a ser feliz una vez más.

4 comentarios:

  1. Profundo, como el de un pozo que continua hasta más lejos del subterráneo para abajo.

    Voy a comentar desde dos puntos. La primera es la forma, claro. Yo creo que eres una Diosa, en serio. Cada frase no es forzada a sonar melodiosa, simplemente es el producto de una inspiración y lo que venga ya de años. Dulcemente poética. Ya, resumo: que te admiro, mamá. Haces que me deleite al leerte.

    Y claro, la segunda es el fondo. Es muy profunda, ya lo dije. Creo que tengo una necesidad de siempre ver un nexo entre todo un texto. Y lo he encontrado aquí, sobre todo al ver que desde el principio hasta el final hay una creciente "desesperación" (no sé si llamarlo así) por desahogar todo lo que alma guarda, y lo que desea, también. Empiezas calmada y delicada hasta gritarle todo lo que piensas. Por supuesto, el último párrafo es como un sedante que te acaban de dar al verte en ese estado, y solo te queda cerrar los ojos deseando volver a sentir lo que expresabas al principio.

    Ya sabes que soy muy tonta para dar comentarios críticos, pero eso es lo que he visto y además de que serías una estupenda escritora, eres muy valiente al demostrar todo lo que guarda tu mundo interno en un bonito texto. I love u!

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  2. Ay, sabía yo que al final terminarías admitiendo que tu nombre era Chuleta. Jaja. Y lo que menos eres es tonta para comentar, mujer, si cada día escribes más bonito -y tengo un enorme foro como prueba de ello-.

    Creo que en cierto sentido tienes razón. Quizás se deba a que esta vez no escribí con la mente, sino con el corazón. Y la música que escuchaba, simplemente me ayudó a expresar todo lo que tenía allí guardado. Probablemente sea por eso que, a pesar de la aparente ilógica de todo, en lo más profundo del mismo, el texto tenga un sentido.

    Love you too, hijita.

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  3. Será que una vez más compruebo que la locura comienza a convertirse en una compañera desagradable, que no detecto el elemento ilógico del mensaje elaborado. Sí veo el anhelo desesperado que a diario nos obliga a buscar sin renuncia eso que durante un tiempo indefinido logre mantenernos en pie. Veo el deseo irrefrenable de que la montaña persiga a Mahoma hasta el fin del mundo.

    Y veo la necesidad de tener en qué creer. Iluso y extraño comportamiento de repentinamente ser incapaces de valernos por nuestros propios medios... ¿o es más correcto hablar de nuestros propios miedos? Ese miedo que también veo, por perder un sitio en el cual sostenerse y mantenerse firme. Miedo a que no sean suficiente nuestros propios medios.

    ¿Y qué habrá de resultar cuando entre mil miedos nos reunimos para esperar que los medios del otro los extingan?

    Algo. Eso es innegable.

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  4. No sé si será a la montaña, pero sin duda Mahoma está buscando algo. Algo que quizás le da demasiado miedo encontrar, o que no es necesariamente... Algo. No lo sé, es todo muy confuso. Incluso, es difícil entender lo que la propia mente quiso expresar.

    Quizás tú lo entiendas mejor que yo. Tú eres la loca aquí, según has dicho. ¿Que soy yo? Todavía estoy intentando averiguarlo.

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