miércoles, 1 de septiembre de 2010

Si la montaña no va a Mahoma...

¿Cuánto vale arriesgarse por algo incierto? ¿Asumir un papel ajeno por una fugaz eventualidad? Muchas personas hablan de que siempre vale la pena jugarse, intentar cambiar el destino, seguir los impulsos. Si la montaña no viene a Mahoma, entonces Mahoma irá a la montaña. Pero, ¿y si la montaña resultase ser un precipicio? Si de pronto uno se encontrase cayendo en un abismo sin final, ¿qué lo sacaría de allí? ¿Quién lo sacaría de allí? Desde luego no la montaña, porque la montaña no existía.

Entonces, con ese criterio, jamás habría que aventurarse en lo desconocido, animarse a más. Y así, jamás se podría discernir si lo que parece un montecito de lejos, es realmente una cordillera o simplemente un espejismo. Pero uno está seguro de que la montaña que está allí es real, tangible, substancial. Y que Alguien –exacto, con mayúscula- la puso en ese lugar por un motivo particular. Pero a su lado, también hay otras elevaciones, que parecen haber sido puestas también por Él. Pero hay un problema. Los caminos que llevan a ellas son completamente distintos. Podría uno arriesgarse y elegir cualquiera, al azar. Pero, en caso de ser el equivocado, tomaría demasiado tiempo regresar y comenzar la travesía desde cero.

Además, entre todos ellos, hay uno que interesa en particular. Es el camino que lleva a una montaña que, aunque quizás no sea la más atractiva, parece ser la que satisface la mayor parte de los ideales personales. El problema es que aquella montaña está tan lejos, que parece no darse cuenta de que hay una persona que está preguntándose si debería arriesgarse por ella o no. Quizás, porque en una superficial comparación, ese ser humano es poco más que algo insignificante. O quizás, solo sea que desconoce su existencia.

Por ende, es irrefutablemente dudoso que la montaña vaya a Mahoma. Y es así, que en su pequeña e intrascendente vida, Mahoma tendrá que empezar a plantearse seriamente un asunto… Si la montaña no viene a mí, ¿tendré que ir a la montaña?



2 comentarios:

  1. Hay que ir, definitivamente. Cualquiera sea la sorpresa que nos espere más adelante, cumbre o precipicio, milagro o ilusión... hay que seguir adelante, que siempre es mejor a hundirse en la realidad dolorosa de un tiempo muerto.

    Quise alguna vez hacerte ver que la montaña podría eventualmente encaminarse al encuentro de Mahoma... pero la realidad me lo impide. Nadie hará jamás algo en favor de lo que a otro concierne. Quien no se haga cargo de su vida... condenado está a una condena eterna en una situación para siempre repetida.

    La vida es dura, no porque le sea una característica inherente. Lo es porque somos la montaña de otro, indiferente a cualquiera de las falencias de Mahoma.

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  2. Es extraño cómo hoy leo tu respuesta, precisamente el día en que hubo una extraña conexión entre Mahoma y la ya casi olvidada montaña.

    Mahoma, inconsciente, se lanzó lleno de valor a algo que jamás habría podido hacer si la cobardía no lo hubiese abandonado temporalmente. ¿Y a que no sabes qué? En esa travesía por los campos del valor y la gallardía, tuvo un encuentro -rápido, pero suficiente- con su tan adorada montaña.

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