miércoles, 29 de febrero de 2012

Do it yourself


No quiero un príncipe azul, ya tengo mi muñeco de trapo.
No quiero un príncipe azul, ya tengo mi muñeco de trapo.
No quiero un príncipe azul, ya tengo mi muñeco de trapo.
No quiero un príncipe azul, ya tengo mi muñeco de trapo.


Quizás, de tanto repetirlo, algún día acabe por creérmelo. Espero que sea pronto, porque sino me encontraré en graves problemas. Pero bueno, no es algo sobre lo cual vaya a hablar más en el día de hoy, pues ya tuve suficiente misticismo con mi relato de ayer y con las ideas que llevo en borradores por doquier. 

Vamos a romper la rutina de las palabras bonitas y a hablar un poco de mí misma, sin vueltas. En el examen de ayer me fue genial, saqué un nueve sobre diez y me he quedado muy contenta. Tanto, que decidí no rendir el final que me quedaba pendiente (bah, uno de los tantos) y darme unas pequeñas vacaciones antes del comienzo de las clases. Fue así que me sumergí en el mundo de los DIY, de la mano de Fácil y Sencillo, una web que súper recomiendo si les gusta hacer tonterías.





La calidad de la foto y de las cosas es un asco, pero bueno igual me divierto. Por si no entendéis lo que son...  Un lápiz-flor, que sin duda se ve mucho mejor desde arriba que de perfil, porque se aprecia más la parte "flor", pero no me apetece volver a encender la cámara para tomar otra fotografía. Un collar con forma de... ¿Cartera y flecos? Ni yo lo sé, pero no importa, es raro y queda bonito con las camisas blancas, por más que mi madre opine lo contrario. Dos pulseras trenzadas de tela, no hay mucho más que decir de ellas. Una colita  -así les decimos aquí- para el cabello, que vendría a ser ese amontonamiento de telas. Siempre quise tener una, pues me parece que quedan preciosas, y finalmente la he hecho yo. Y por último, pero no menos importante, esa letra A con polainas que parecen los sombreros esos rusos que no recuerdo cómo se llaman, que ha pasado a decorar la puerta de mi cuarto. Porque sí, en el mundo real me llaman más Agustina que otra cosa. Pero como seudónimo artístico, sin duda prefiero mi otro nombre.

Y ya me dejo de bobadas, que seguro debo estar aburriendo a todo aquel que haya llegado hasta esta parte de la entrada.

Later!


martes, 28 de febrero de 2012

Disparo inmanente

Su silueta, efímera como la luz de un relámpago, se bamboleó unos instantes para luego caer de espaldas sobre la cama. No tardó en seguirla otra figura mucho más robusta e intrépida. Desnudos. Sus cuerpos se perdieron entre las sábanas, inmersos en un océano de deseo y pasión.

Un disparo. El áspero sonido resonó en la oscuridad, destrozando con su tajante sonido la monótona cadencia con la que había comenzado a moverse la pareja, presa de su ardiente rutina nocturna. Peligro. Ambos se detuvieron al unísono, separándose como si nada de aquello hubiese tenido lugar segundos atrás. Esa noche no sería destinada a satisfacer sus necesidades más promiscuas.

Ella cogió una enorme camisa y se la colocó encima de su cuerpo, a quien segundos antes lo vestía la nada. Uno, dos, tres pasos. Abrió el ropero y se ocultó en su interior. La puerta de la habitación se abrió de un golpe. Escuchó los dedos de él deslizarse por la mesa de noche buscando el revólver. Un ruido sordo. El arma había caído al suelo; era el fin de toda esperanza.

Otro disparo. Una mano tan suya como ajena a la vez le tapó la boca para que no gritara. Silencio, más silencio. Los pasos se alejaron por el corredor, pero la puerta no volvió a cerrarse. La estancia quedó vacía. Y ella, sola. Varias horas pasaron, hasta que las sirenas de policía comenzaron a escucharse en la lejanía. Ruidos. De pronto la habitación estaba llena de gente, aunque ella no podía verla aún le era posible escucharlos hablar y vociferar. Hasta que alguien abrió la puerta del armario.

Y la vieron. Brazos, manos, ojos y oídos, todos sobre ella. Dispuestos a ayudarla, sólo constituyeron un estorbo para su soledad. Molestias. No los quería, no deseaba a nadie de esos. Sólo lo quería a él, al cadáver que reposaba en el suelo con un hilo de sangre resbalando desde su sien hasta el parqué. Pero estaba muerto. Y ya nada iba a despertarlo.

Jamás se había sentido tan sola. Irónico en aquellas circunstancias. Había gente. Muchas personas a su alrededor. Nunca en su vida había estado tan acompañada y aún así el vacío se cernía sobre ella, hundiéndola en su gran pesar...

Hasta consumirla.


lunes, 27 de febrero de 2012

Lunes sin rutina

Hoy sentí la necesidad de cambiar, de volver mi vida un poco más alegre. En lo vana que es mi existencia, dejé que esa transformación se realizara en mi querido blog, que ahora luce más monocromático que nunca, pero al menos lo hace de forma más bonita que antes. También añadí unos cuantos gustos a mi perfil personal, que sin duda no son todos los que poseo, pero fueron los que acudieron a mi mente en estos instantes que dediqué a pensar dichas cosas. 

Me sentí un poco mejor al hacerlo. Pero ahora me siento un poco peor, dado que no estudié todo lo que debería haber estudiado. Y estoy a menos de ocho horas de mi examen. Hay tormenta y no me apetece dormir, de todos modos. Prefiero mil veces oír el ruido de los truenos y el constante repiquetear de las gotas de lluvia contra las chapas.

Y no me extenderé más con tonterías, que me quedan cinco hojas y acabo mi último repaso. Es lo que tienen los feriados, a una ni ganas le dan de estudiar en ellos.

Later!


domingo, 26 de febrero de 2012

Mi felicidad

Explícame tú qué hago yo para meterme en estos problemas. No escogí ser así, sin embargo, no puedo evitarlo. Me marea, me enferma, me deprime, me duele. Pero aún así, nada puedo hacer para remediarlo. Te pierdo. A cada segundo que pasa, te encuentras cada vez más lejos. Intento hacer que permanezcas junto a mí, mas todo lo que digo no hace más que empeorarlo. ¡Quédate, por favor! No quiero que te vayas. Tal vez no lo demuestre lo suficiente, pero lo cierto es que te necesito aquí, a mi lado. Te quiero en este lugar. Por más que me lo niegue constantemente a mí misma, en el fondo, hay algo de mí que me ha hecho completamente dependiente a ti. Tu nombre lleva escrita la palabra felicidad en él. Mi felicidad. Sólo necesito aceptarlo.



Metrovías

Hace varios meses venía meditando sobre la posibilidad de participar en algún concurso de literatura, aunque sólo fuera para acercarme un poco más a mi propio sueño: ser escritora. Ayer, mientras me disponía a descender las escaleras del subte, un enorme cartel de dicha empresa llamó mi atención. 

Concurso. Literatura. Relato. Primer amor. Premios. 

Lo leí varias veces, casi sin poder creer que la maravillosa oportunidad se me hubiera presentado de manera tan inoportuna. Y me dije, "sí, voy a participar". Después de todo, aún tenía mucho tiempo para escribir porque los días para presentar las Obras -como ellos las llaman- todavía no acaban. Sin embargo, cuando me puse a pensar sobre qué escribir, me di cuenta de que no sé escribir relatos optimistas de gente enamorada. Tendría que apelar a la tragedia, pero la consigna de que fuese sobre un primer amor, me complicó aún más las cosas. ¿Ser realista y contar mis propias historias o tratar de gestar una nueva de la nada?

Ah, la horrible indecisión. Sólo espero que, cuando las palabras lleguen a mí, no sea demasiado tarde.


Later!



miércoles, 22 de febrero de 2012

Pobre corazón

Basta. Basta. Basta. Por favor, te lo imploro, no tortures más a mi pobre corazón. Está cansado, ¿no ves? Al pobrecillo le cuesta respirar. No necesita que lo sigan agobiando, así que vete. Ya, ahora, en este mismo instante. Márchate bien lejos y déjalo dormitar. 

¡Vamos, vete! ¿Qué esperas? ¡No! Ya te he dicho que no te quiero cerca. No dejaré que vuelvas a tener ningún tipo de influencia sobre mi corazón. ¡Déjalo ya! ¿Es que no entiendes? No te quiero aquí, él tampoco te quiere aquí. Bueno, en realidad sí que lo hace, pero yo no voy a permitir que te quedes en este lugar, no quiero que vuelvas a dañarlo. Te eliminaré de la peor manera si es necesario. Muy bien, eso, aléjate. Vete, vamos, más deprisa.

Mira, corazón, se está yendo. ¿Lo ves? ¿Por qué lloras? Si ya no tendrás que verlo nunca más. Shh, shh. Calla mi pobre corazón. Ya se ha ido, no volverá a molestarte. Ahora descansa, junta nuevas fuerzas. Sé que te ha lastimado mucho, pero quizás mañana puedas volver a amar.



martes, 21 de febrero de 2012

Blogger

Blogger no me deja comentar blogs, así que pido disculpas a todos aquellos a los que sigo y últimamente no estuve comentando sus entradas. Viene fallándome hace tiempo, pero igual sigo leyendo todo a diario. ¿Eh?



miércoles, 15 de febrero de 2012

Transfórmame

Escríbeme un poema con rima asonante. Cuenta los versos y procura que no sean múltiplos de cinco. Quiebra mi rutina, cambia mis esquemas. No me ayudes a vivir esclavizada a mis vicios, instrúyeme sobre cómo derrotarlos. Aprésalos sin piedad, otórgame la fortaleza necesaria para destruirlos. Demuéstrame cómo dejar de vivir con los brazos cruzados, abriéndolos a la vida. Endulza mi locura, domestica mi voluntad. Esclavizando mi persona a la tuya, enséñame lo que es la libertad. 


martes, 14 de febrero de 2012

Naranjas

Las naranjas no son perfectas. Si la cortas a la mitad, jamás obtendrás dos trozos iguales. Sin embargo, siempre serán complementarios. Sólo ellos dos serán capaces de conformar una pieza inseparable. Si pruebas con mitades de otras naranjas, ninguna encajará a la perfección. Quizás haya algunas similares, que puedan pasar por la verdadera mitad que complementa a la otra. Sin embargo, tarde o temprano, se sabrá que no es la correcta. 

Porque sólo hay una. Cada media naranja tiene otra que junto a ella forma el fruto entero. Pero ésta es única, no hay otra que pueda hacerlo de la misma forma que aquella que fue creada para complementarla. Si una mitad se duplicara, tampoco lograría compensar la estructura idónea de la naranja que conformaría con aquella que fue destinada para ser su compañera hasta que la muerte las separe. 

Ninguna media naranja será perfecta, siempre tendrá sus irregularidades, sus defectos. No obstante, la unión con la mitad que la complementa siempre lo será. Porque fueron creadas para estar juntas. Sólo hay que saber encontrarla.


domingo, 12 de febrero de 2012

Quiero, quiero, quiero





Quiero mi pin de sinsajo. Lo necesito desesperadamente. Sí, así como una pequeña que tiene una rabieta por una nueva Barbie, yo quiero mi insignia. Pero sale mucho dinero, demasiado. Tengo lo suficiente como para comprarlo, pero no era para gastarlo en eso, era para mis Vans. ¿Iría descalza por la vida pero con un sinsajo en la mochila? Lo peor es que sería capaz.


Pobre de mí; estoy obsesionada.


Quiero hacer un cambio en mi vida, necesito hacerlo. Creo que esto del sinsajo tiene su motivo dentro de toda esta revolución interna -y externa- que quiero llevar a cabo. Pero como para todo, necesito dinero. Hoy en día, si no tenés dinero, no sos nadie. No podés hacer una revolución vos solo con los bolsillos vacíos. Para ello, necesitarías otros doscientos en las mismas condiciones que vos. Pero nadie va a mover masas porque yo les diga. Desgraciadamente, en esta lucha estoy sola. Y cada día, eso me importa menos.

¡Atentos! La revolución está por comenzar.


jueves, 9 de febrero de 2012

Odisea del pie izquierdo

Caminaba. Sin prisa pero sin pausa. No podía hacer otra cosa. Era eso o llorar. Pero el día no estaba para derramar el llanto. Había sido tan idiota, tan ilusa. Pero había sido su culpa, de nadie más. Ningún otro ser humano la había enviado a perseguir sueños tan vanos como los que la habían llevado aquel día a esa calle. 

Acicalada como pocas veces se la veía, pero aún así luciendo increíblemente natural, se subió al colectivo que la llevaría a destino. Entusiasmada, esperanzada. Aquel era el día, el momento, el lugar. Los latidos de su agitado corazón lo afirmaban. Los minutos pasaron, la hora también. Un par de cuadras y allí estaba, finalmente. Ese era su momento, podía sentirlo.

Ring, ring. Sonó el timbre. Entonces, empezó la decadencia.

En ese instante en que sintió estar de pie en la cima gloriosa del mundo terrenal, se topó con la álgida realidad, que la transformó automáticamente a un pequeño despojo humano. Que pim, que pam. Todo acabó más rápido de cómo creyó que había comenzado. Ni siquiera tuvo tiempo de saborearlo. Tampoco había qué disfrutar, a decir verdad. Nada, nada de nada.

Miles de sueños se vieron reducidos a cenizas en cuestión de momentos. Sólo le quedó la nada, que aún con su presencia no logró reemplazar en su plenitud la ausencia de todo lo demás. Lo que había tomado por un príncipe, se había vuelto un sapo feo y verrugoso. Al carruaje que se suponía debía esperarla para regresar, se lo había llevado el viento. No había a lo que aferrarse para sostener las imperiosas necesidades que su amedrentado espíritu debía satisfacer. Y por eso empezó a caminar. Muchas cuadras, unas cuantas horas, varios días. 

Aquello le había pasado por comenzar el día con el pie izquierdo. ¡Con lo fácil que es pensar qué planta apoyarás primero! Cosas de la vida, dicen. De su vida. O de la mía. Pero... Si es de la mía propia, ¿a quién le voy a reclamar por el seguro de recomposición de mis emociones rotas?

Andá a cantarle a Gardel, me dijeron, a ver si te escucha.



domingo, 5 de febrero de 2012

¿Príncipe azul u oso de trapo?


"Porque no existen dos osos de trapo exactamente iguales, y pocos se paran a mirarlos. No todos los niños tienen la suerte de tener uno. Los príncipes azules, en cambio, vienen hechos de fábrica. Son como los Ken. Están en casi todos los pasillos de las jugueterías. Hay miles iguales. Quien lo quiere, termina teniéndolo. Juegas dos días con ellos y después, te cansas. En cambio, cuando te regalan un oso de trapo, no te gusta. Pones mala cara. Pero después, no puedes evitar dormir con él cada noche. Incluso cuando te haces mayor. El oso de trapo es ese juguete que jamás tiras, ese que siempre está. A veces te da verguenza reconocerlo. Pero si tuvieras que salvar una sola cosa, sería el oso de trapo."

jueves, 2 de febrero de 2012

Cuestiones

Hay muchas cosas en este mundo que me molestan. Podría hacer una lista, dejando constancia de todas ellas. ¿Pero qué? ¿Valdría la pena? ¿Dejaría de detestar su molesta presencia tan cerca de mí? Probablemente no. Sería inútil, como todo en esta vida.

¿A donde vamos? ¿De dónde venimos? Preguntas a las que constantemente estamos intentando encontrarles una respuesta, pero... ¿Para qué? ¿Nos cambiará en algo? Lo dudo, realmente. Y eso que yo lo he intentado, pero nada. Sigo igual. ¿Es tan difícil de cambiar la propia esencia? ¿Estamos predestinados a ser algo por más que no queramos hacerlo? Tampoco podría decirlo con total certeza.

Como siempre, todo es muy confuso. Y en mi cabeza no hay respuestas, sólo preguntas...

Sólo preguntas.