domingo, 26 de febrero de 2012

Mi felicidad

Explícame tú qué hago yo para meterme en estos problemas. No escogí ser así, sin embargo, no puedo evitarlo. Me marea, me enferma, me deprime, me duele. Pero aún así, nada puedo hacer para remediarlo. Te pierdo. A cada segundo que pasa, te encuentras cada vez más lejos. Intento hacer que permanezcas junto a mí, mas todo lo que digo no hace más que empeorarlo. ¡Quédate, por favor! No quiero que te vayas. Tal vez no lo demuestre lo suficiente, pero lo cierto es que te necesito aquí, a mi lado. Te quiero en este lugar. Por más que me lo niegue constantemente a mí misma, en el fondo, hay algo de mí que me ha hecho completamente dependiente a ti. Tu nombre lleva escrita la palabra felicidad en él. Mi felicidad. Sólo necesito aceptarlo.



5 comentarios:

  1. Después de leer tu descripción no he podido evitar empezar a seguirte con una sonrisa, tan sólo tienes que leer el nombre de mi blog para comprenderme!

    Muy bonita esta entrada, hay gente que nos hace feliz y debemos aceptarlo!

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  2. Lo más importante es que nuestra felicidad no dependa de alguien, pero aveces hay que aceptar las cosas como son ¿no?. Si en verdad para el también vos sos su felicidad te va a entender :)
    Gracias por pasarte linda, te mando un beso♥

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  3. Me ha gustado mucho la primera parte. Yo no sé cómo lo hago. pero siempre termino metiéndome en líos cada vez más complicados, enredándolo todo. Y perdiéndome. Quizás sea cosa de los genes o yo que sé. Sin embargo, si ya sabes lo que quieres, adelante. Ve a por ello.

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  4. Acabas de describir en nueve líneas mi situación, sobretodo en las dos primeras. Desde aquí te mando un saludo. Besos.
    Sonrie,

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  5. ¿Qué será de aquel juego porfiado que logra siempre arrebatar de uno lo que llega a convertirse en un soporte digno? Perdemos, no hay sorpresa en declararlo con el odio que a fuerza de pulso brota ante la perspectiva de saberse atrapado. Mas, ¿cuánto puede llegar el destino a ganar resultado de nuestra miseria?

    Sucede que últimamente se debilita la hipótesis reiterada que inculpa al destino de cuanta desgracia de arremolina en el horizonte. ¿Que acaso el hombre no sabe mejor que nadie cómo destruirse así mismo? Sufrimos porque es más cómodo.

    Y ya no hace falta retornar a la discusión inútil de una locura inherente.

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