miércoles, 30 de mayo de 2012

Hálito

Hoy quiero cantarle al dolor,
hasta que la vida me abandone
y el cielo se vuelva tierra.

Beber del pecado su hiel
y sufrir en un vago consuelo.
Hundirme en la propia miseria.

Arrancar el cuerpo del alma,
pagando así la redención
con la sangre de mis venas.



lunes, 28 de mayo de 2012

La duda

Veo en tus ojos el amor que por mí profesas y me pregunto si soy merecedora de tal afecto. Me intriga si te conservo porque te quiero con locura, o por un afán egoísta de que con tu presencia mediante, yo pueda cumplir mis sueños. ¿Qué es enamorarse? Antes tenía una idea de ello. Pero, tras conocerte, todos mis estrictos estándares y mis definiciones cuidadosamente calculadas de lo que debía ser cada sentimiento se desvanecieron.

Es extraño. Hay días en los que siento que se me va la vida si no estoy a tu lado. Sin embargo, en mis ataques de apatía parece que me da igual permanecer contigo toda una eternidad que morir sin volver a verte. Pero así y todo, me pongo a pensarlo profundamente y no puedo imaginarme un futuro que no sea en tu compañía.

Entonces, ¿por qué la duda?


jueves, 10 de mayo de 2012

Mi debilidad

Estás alterada, confusa. Tus gritos opacan por completo la música de fondo que ya se escucha menos que el silencio. Los platos vuelan por la habitación, teniéndolo a él como único receptor. La histeria abunda, la paciencia está ausente. Las lágrimas ruedan por tus mejillas, mientras que te arañas el rostro con desesperación.  Él está callado, no dice nada.  Sólo se limita a esquivar los proyectiles que atraviesan el aire en su dirección.

De pronto y sin previo aviso, atraviesa el ambiente con sólo tres zancadas, deteniéndose delante tuyo. Levanta tu rostro con suavidad, posando sus dedos debajo de tu barbilla. Y te planta un señor beso, así de la nada, como si toda tu violencia jamás le hubiese importado. 

Tu enojo queda olvidado, tu llanto termina por desaparecer en un tenue suspiro... Y te rindes. Lo quieres con tanta locura, que no puedes hacer otra cosa. Sabes que vale la pena dejar de lado todos los problemas, aunque sólo sea para volver a obtener un pequeño pedazo de ese paraíso. Por muy pequeño que sea.

lunes, 7 de mayo de 2012

Sácate una cana

Su vida había transcurrido normalmente, sin ningún acontecimiento extraordinario, hasta ese día. Tras levantarse al despuntar el alba, se dirigió hacia el tocador. Removió un par de frascos y se quitó la redecilla que sostenía su cabello. Luego de rebuscar su crema predilecta, abrió el pomo y con delicadeza vertió un poco de su contenido sobre sus níveos dedos. Levantó la mirada hacia su reflejo y se acercó al espejo, con el fin de obtener una mejor visión de lo que estaba por hacer. 

Fue entonces cuando la descubrió. Flotando entre su cabello azabache, etérea y traviesa como una niña coqueta entre un centenar de niños, bailaba una cana. La contempló, asombrada al principio, reacia después. Frunció la nariz y sus labios se curvaron en una expresión de disgusto. ¿Qué hacía esa cosa allí? No se encontraba en ese sitio el día anterior, podía asegurarlo. ¿La habría implantado el duende de la vejez mientras dormía? Temerosa de que se cumpliese el refrán de que si la arrancas te salen siete, la ocultó como pudo, entre su melena oscura. Pero la cana no estaba decidida a permanecer en el anonimato. A media mañana, uno de sus compañeros de trabajo que rara vez le dirigía la palabra, realizó el primer comentario en voz alta sobre la inquilina que descansaba en su cabeza. Lejos de hacerlo de forma despectiva, argumentó que ni siquiera los más bellos se libraban de ellas. La muchacha rió. A otros de sus colegas les pareció divertida la idea y pasaron toda la hora del almuerzo charlando animadamente con ella, quien rara vez gozaba de una compañía que no fuera la propia en esos horarios. 

Al llegar la noche, volvió a contemplarse en el espejo. Dirigió toda su atención hacia la cana, gustosa de haber recibido tantos buenos tratos aquel día. La cogió entre los dedos índice y pulgar... Y la arrancó. A la mañana siguiente, grata fue la sorpresa de descubrir siete canas nuevas y refulgentes en su cabeza. Esa vez, acaparó la atención de su mejor amiga, quien escandalizada se preguntó si a ella también le estaría llegando la hora de ponerse "antigua", como le gustaba llamarlo. Pero así y todo, pasaron una estupenda tarde. Tan feliz fue ese día para la joven, que al caer la tarde, se despidió de sus siete canas, para despertarse al otro día con cuarenta y nueve cabellos blanquecinos decorando su melena color azabache. 

Y así fue pasando su vida. Su monótona rutina se transformó en un apasionante camino al éxito. Su cabellera se fue tornando cada vez más blanca, hasta que llegó la noche en la que no pudo seguir arrancándose canas, pues aquello le hubiese equivalido a quedarse pelada. Ya no quedaba una sola mancha negra en su melena. Su cuero cabelludo estaba malherido por el continuo esfuerzo de todas las noches, pero  las canas decoraban su rostro, fuertes y resistentes. Y ella era feliz. Arrancar cada cana había supuesto un sacrificio, un esfuerzo. Pero los frutos de aquello habían sido cien veces más gratificantes. Habiendo llegado al culmen de su vida, podía declararse completamente hecha. Y pensar que todo había comenzado por una tonta cana. Muchas habrían hecho un desesperante drama al descubrirla, pero ella no... 

Ella había sido optimista.


jueves, 3 de mayo de 2012

Silencio

¿Qué son los días si no hay algo por lo cual vivirlos? Creo que pasé estos dos últimos meses aguardando, impaciente. Sabía que mi relato no era lo suficientemente bueno como podría haber sido, que era sólo un cúmulo de palabras sin demasiado sentido... Pero esperaba verme ahí, creía que quizás era todo una retorcida maquinación de mi cerebro, que siempre se empeña en demostrarme que todo lo que hago es horrible. 

Treinta finalistas. Y mi nombre no estaba entre ellos. Definitivamente, creo que no fue mi mente la que me estaba jugando una mala pasada, sino que era la cruda verdad. No soy lo suficientemente buena. Sueños rotos, esperanzas desperdiciadas... Y desgano. Justo en el momento en que menos lo necesito.

¿Volveré a pasarme por aquí? No lo sé... Tan sólo tenía ganas de dejar una vez más una pequeña huella, prolongar un poco más el doloroso letargo, hasta que el mundo se olvide por completo de mi existencia.