lunes, 2 de diciembre de 2013

Naranjo en flor

Si hay algo que siempre me molestó mucho de los hombres, es que con el transcurrir del tiempo en una relación, se olvidan de ser románticos, como si ya tuviesen asegurada la conquista de nuestro corazón y no tuviesen la necesidad de reconquistarlo día a día para mantener su soberanía en él. 

Pero así como las plantas se marchitan si no las riegan, los corazones femeninos pierden el brillo cuando la monotonía se instala cómodamente en el florero vacío, el buzón sin cartas de amor y las cajas de bombones vacías en el cesto de basura. Necesitamos pequeños gestos, sorpresas, delicadezas, que cambien la rutina, que vuelvan inesperada la cotidianidad que rodea nuestras ajetreadas vidas. Y no, no vamos a pedirlo expresamente. Porque de hacerlo, dejaría de tener sentido la razón que los movería a hacerlo. Pero quizás un comentario perdido al pasar por delante de un puesto de flores o la sutil sonrisa cuando el chico perfecto de las películas hace un gesto de amor, son las excusas detrás de las cuales escondemos los más hondos deseos de nuestra alma. 

El cerebro, el alma y el corazón de una chica romántica viven dentro de una película, desean ser parte de ella, volverla realidad. Según TNT lo que pasa en las películas también pasa en la vida, y hasta no convertirnos en las protagonistas de nuestro propio cuento de hadas no dejaremos de intentarlo. Tantas veces que lo decimos, tan pocas veces que lo escondemos... ¿Y aún no se han dado cuenta?

¿Y aún no te diste cuenta?

domingo, 27 de octubre de 2013

Un café doble, por favor

El sol cae y la vida en la ciudad despunta. Es viernes. En su mesa hay sólo un periódico y una billetera desgastada. El mozo se acerca y le entrega la carta. Sus pasos resuenan con fuerza una, dos, tres veces, y se pierden en el murmullo de voces que le rodean. Un ruido que sirve apenas para aplacar el eco de sus pensamientos.

Unos dedos finos de uñas color carmín hacen girar el menú hasta enfrentarlo con su mirada. Sin embargo, lo deja permanecer cerrado. Contempla con desconfianza cómo las letras en su portada bailan provocativas delante de sus ojos, deslizándose por la mesa y escurriéndose por los pliegues del mantel. Entonces, la silla vacía frente a la suya se aparta y un desconocido toma asiento, tras dejarla chirriar contra el suelo poco lustrado. Cabello café, ojos color miel.  La contempla sin decir nada. Ella le devuelve la delicadeza.

Una mano masculina se alza en el aire, llamando al servicio. El mozo regresa y aguarda expectante. Por su parte, sólo hay silencio. Sin embargo, la voz del extraño se deja oír, fuerte y decidida.

-Un café doble, por favor.

Es entonces cuando comprende que el sujeto no es tan desconocido y que su voz no resulta del todo extraña. Un recuerdo sofocado resurge. Cabello rubio, ojos pardos. Distinto aspecto, mismas costumbres. Sonríe y finalmente habla.

-Un té solo.

Los ojos de él se iluminan al notar que lo ha reconocido. Ella lo nota. Sin saber qué le aguarda, entiende que la misión no será fácil. Pero en ese momento no le importa. Por ahora, sólo quiere acabar su té.


sábado, 12 de octubre de 2013

Será que...

¿Será que lo hacés a propósito? Te encanta recordarme que un pequeño rincón de mi corazón aún te pertenece. Y cada día que te escucho, mi mente vuelve a preguntarse qué habría sucedido si mi destino hubiese sido distinto, si hubiera esperado a llegar a fin de mes. 

 El rival más difícil está en mi cabeza y hasta ahora viene ganando la guerra.

martes, 16 de julio de 2013

Bubi desubicada

No me gusta que entre mis seguidores se vea una teta. Me desagrada, me hastía hasta el punto en que la escasa inspiración con la que vengo a escribir acá desaparece.

Y sí, así se fue mi mística a fumar un pucho hoy también. A saber cuándo volverá.

domingo, 12 de mayo de 2013

Pirinfrines de una mertrichada

La desesperación y la angustia se las han arreglado para ahogarme en mis pesadillas, en ese maldito lugar en el cual no puedo escapar de los monstruos que me acechan. Estúpidos engendros que se regodean en mi propia miseria. Soy sólo una pobre alma humana, o al menos un intento de ello. Un vago recuerdo que la pluma de algún escritor poco cohibido dejó olvidado en el mundo. Y para colmo, a medio escribir. ¿Por qué  no podía simplemente dejarme completa? ¿Qué necesidad había de rejuntar pedacitos no pertenecientes a un mismo todo y agruparlos, con la hilarante certeza de que la obra resultante sería poco más que un estropajo?

Caos. El mismo caos que produce una muñeca de trapo remendada cuando la miras demasiado y entras a darte cuenta de sus asquerosos detalles. Esa boca torcida y ese parche roto por el cual comienza a perder relleno. Es que mis pensamientos se van así, como olas, mareas insensatas, ríos caudalosos que no tienen sentido ni razón. Pero, ¿qué tiene razón en este mundo? ¿Quién dice que la errada soy yo y no el resto? ¿Acaso no puedo ser la más cuerda dentro de mis propios delirios?

Porque lo tenebroso no es pureza. Y la pureza es buena. Lo otro es malo. ¿Qué es esto? ¿Qué es lo otro? No sé. Del paraíso al infierno hay un paso, nada más. Y ese paso todavía no sé si aún estoy por darlo o ya lo dejé atrás. Me siento presa de mi propia locura, como en esas épocas donde mi alma tan sólo fluía y no se preocupaba por existir de una manera decente. Creía haberlo superado, o de no ser así, haber encontrado un equilibrio en aquella área tan alejada de mi zona de confort. Pero al parecer, siempre se puede caer más hondo. Estoy arruinada, sin haber siquiera comenzado a arruinarme. Mi mente y mi cuerpo sólo quieren sumirse en un profundo letargo. No quiero despertar, la vida me agobia tanto que sólo pienso en volver a dormirme. Pero al llegar a ese punto, los que deberían ser sueños apacibles que me acompañasen en mi descanso, se convierten en pesadillas, cerrando el ciclo que vuelve a comenzar.

La alegría y el placer se impregnan de sangre y hedor. La vida se ve surcada por senderos de muerte y podredumbre. Dolor. Dolor. Dolor. ¿Por qué algo tan lindo me hace tan mal? 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Combustión del metano

Últimamente sólo quiero perderme y no encontrarme. Deambular por los pasadizos más recónditos del mundo y descubrir las historia que esconden en cada uno de sus rincones. Quiero reír, sentir, gritar... Vivir. 

Pero si lo hago, temo alejarme demasiado de ti y no encontrar el camino que me lleve de vuelta a tu lado. No quiero quedarme sin tu presencia, porque la libertad no es tan deliciosa si no la vivo contigo.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Francesco I

Hace un tiempo que venía en un crescendo de felicidad, de optimismo, de mejoría interna y externa. El mundo comenzaba a encajar a mi alrededor y yo a funcionar como uno de sus pequeños pero indispensables engranajes. Las sonrisas costaban menos, las palabras dulces también. El amor crecía y crecía, hasta el punto de querer desbordarse de mí porque ya no había más lugar donde guardarlo.

Venía pensando hoy en el colectivo sobre quién sería el nuevo Papa, en lo raro que sería tener a un "desconocido" después de haberle cogido tanto cariño a Benedicto XVI. Pero entonces, no fue más que llegar, encender el ordenador y encontrarme un mensaje con una nota del periódico que te proclamaba a vos como el mensajero de Dios en la tierra. 

Al principio no lo creía, me pareció que debía haber algo raro, que tan sólo se trataba de una apuesta de si podías quedar o no. Pero entonces me di cuenta que era real, aunque la realidad se hubiese convertido en una completa fantasía para mi cerebro. Vos, nuestro querido Bergo, que tantos argentinos tuvimos la oportunidad de tener al lado, de poder escuchar tus palabras y acompañar tus sonrisas con las nuestras. ¡El nuevo Papa! 

No sé de dónde venía tanta felicidad ni tanta emoción en aquel momento, pero las lágrimas querían explotar con tanta fuerza de mis ojos que era imposible que cayera una sola gota. Subí corriendo las escaleras yendo a buscar no sé qué tontería, inmersa en ese ensueño extraño del que aún no salgo. Encendí la luz de mi cuarto y nomás al ver aquel crucifijo colgando sentí una inmensa necesidad de postrarme ante él que no tardé en cumplir. Recé y agradecí, sin poder siquiera formular una sola frase coherente. ¡Era todo tan... tan... increíble! 

Supongo que en medio de mi balance personal, venía esperando una señal que me indicara que todo iba bien, que estaba en el camino correcto. Y es tan raro, porque ahora siento que todo tiene sentido y a la vez carece absolutamente de él. Pero la felicidad no me abandona. Las ganas de salir a gritarle al mundo que te quiero, que los quiero, que todo es amor, azúcar, flores y muchos colores. Que si vos te convertiste en el primer Papa latinoamericano, es porque algo está cambiando. Quiero que entiendan que de verdad sos humilde, que no están en vos los aires de grandeza, que te gusta viajar en subte y en bondi, que sos hincha de San Lorenzo, que estudiaste en un colegio público, que tu vocación está al lado de los pobres. Pero la mayoría no lo va a entender, no van a poder comprender que quizás extrañes mucho tu vida tranquila de siempre, aún cuando ahora estés "nadando en oro" acorde al verso popular.

El camino va a ser muy difícil, pero los que te queremos y creemos en vos vamos a estar ahí acompañándote. Especialmente los jóvenes. Porque somos la juventud del Papa, caramba. Y eso no hay nadie que nos lo quite. Gracias, Panchito, por ser aquello que tanto necesitaba nuestra Iglesia.

viernes, 8 de marzo de 2013

Las palabras prohibidas

Odio la realidad.

Un "te amo" escrito en un papel bailotea entre mis dedos antes de desaparecer bajo la sombra de un portarretratos. El recuerdo de unas indirectas arrojadas por una insulsa red social cuando nos encontrábamos a miles de kilómetros de distancia parecía impulsarme a marcar este momento como el adecuado. Suspiro con pesar mientras el papel de regalo oculta el rostro enfurruñado de una niña de tres años, con una mirada solitaria dirigida al horizonte; la mía. Espero no cagarla esta vez, tus comentarios me habían dejado claro que finalmente sería el día correcto.

En el momento del reencuentro no faltan los besos ni los abrazos, intercambiamos los regalos y finalmente llega el instante de que veas aquella tontería que se me había ocurrido darte. Me asusto y me arrepiento, te digo que ese es para verlo cuando ya me haya ido. Me haces caso y lo guardas. Las horas pasan y me voy. 

Ahora soy yo la que está lejos. Te pregunto si lo viste y lo afirmas. ¿Y el mensaje secreto? Confirmas que también. Y nada pasa. Ni siquiera una respuesta. Los días pasan en una acuciante angustia, mientras me pregunto cómo será todo a mi regreso. 

Y vuelvo. Tú te comportas como si nada, dices quererme más que nunca y me adornas la vida con mil tonterías. Pero aún no has dicho eso. Sé que en el fondo lo sientes, quiero creer que lo haces, porque hacía mucho tiempo me dijiste indirectamente que lo hacías. Pero aún no lo he escuchado. Mi corazón vuelve a encerrarse en el duro caparazón del cual tanto te había costado sacarlo. Notas la diferencia, me preguntas, pero no hay nada que pueda decir o hacer para contarte la verdad sin sentirme una estúpida. Siento que, a este paso, jamás habrá un cambio radical en mi vida. Siempre subidas y bajadas, nunca un equilibrio constante.

Todo porque eres un idiota.

lunes, 11 de febrero de 2013

Sopa de letras

A veces, ni yo sé qué quiero decir cuando escribo. Tal vez, eso no sea lo importante. Tal vez, sólo interese que alguien más pueda encontrarle un sentido. Porque sabes que, cuando alguien se siente identificado, se estremece, esboza una sonrisa o suelta una lágrima al leerte... Tu objetivo como instrumento del magnífico mundo de la escritura ha sido cumplido. Las palabras que has escrito dejan de ser un simple cúmulo de letras para convertirse en una obra de arte; un pequeño pozo de sentimientos que despliega su complejidad de mil maneras diversas, acorde a quien pose sus ojos en ellas. 

Es entonces cuando comprendes que no eres tan poco especial como creías, que tú también puedes hacer un poco de magia. Y se siente sensacional.


sábado, 9 de febrero de 2013

Nadie dijo que fuese justo

A veces pienso que la vida sería mucho mejor si no existiera el dinero. ¿Qué tan difícil puede ser generar un feedback constante donde cada uno dé lo propio a la sociedad y reciba lo equivalente a cambio? ¿Por qué debe haber gente nadando en comodidades mientras otras personas se mueren de hambre? ¿Por qué no todos podemos tener lo que merecemos? ¿Por qué no todos merecemos lo que tenemos? 

Nunca creí que la igualdad fuese el ideal comunista de dar a todos exactamente lo mismo, pero sí de dar a cada uno lo que le corresponde, a algunos más y a otros menos. Sin embargo creo imprescindible que cada persona tenga lo que merece, mínimamente, como ser humano. Desde el respeto ajeno hasta un techo bajo el cual poder dormir tranquilamente.

¿Por qué en sitios donde sus dirigentes pregonan a los cuatro vientos la igualdad, hay un gran porcentaje de la población que no tiene siquiera sus necesidades básicas satisfechas? ¿Cómo puede ser que una madre prefiera comprarse un atado de cigarrillos antes que un plato de comida para sus hijos? ¿En qué mundo cabe que haya personas que se preocupen por el maltrato animal y no les importe el de los seres humanos? ¿Desde cuándo una persona puede asesinar impunemente a otra sin sufrir las consecuencias de sus actos? ¿Es normal que una ambulancia no quiera entrar a una villa en busca de alguien que se está muriendo, por miedo a que la apedreen? 

A veces, la realidad me enferma. Y me deprime lo poco que puedo hacer para cambiarla. 


miércoles, 23 de enero de 2013

Breve introspección

Me han dicho más veces de las que puedo recordar que soy una colgada, que desaparezco del mundo demasiado a menudo. Creo que es por el hecho de que siempre me costó mucho asumir compromisos, avocarme completamente a algo. No sé si tengo mi tinte de inmadurez por esta causa, o bien, es un motivo más profundo e intenso que desconozco. También me suelen interesar demasiadas cosas e inicio más proyectos de los que puedo abarcar.

Pero en el área de los conocidos y las amistades, todos coinciden en que tengo que "aparecer" más seguido, que hace mucho no salgo con ellos. A veces es por cuestiones de dinero, otras por falta de ganas... Pero también creo que, en el fondo, me gusta llamar un poco la atención. Quizás intentando descubrir si verdaderamente les importo. 

...


Dejando de lado mi breve momento de reflexión personal. Me apena no haber podido cumplir mi meta de postear más seguido. La inspiración raras veces llega a mi cansado cerebro. Como meditaba antes, demasiados proyectos en mente y siento que no llego a cumplirlos todos. Pero sí me alegra ver -gran sorpresa para mí cuando entre hoy a revisar el blog- que he alcanzado los cien seguidores y antes de lo que esperaba (era mi meta para las cien entradas, que tampoco faltan tantas). No saben (iba a poner sabéis, pero retuve mi español trucho a tiempo) lo feliz que me hacen con sus comentarios, sus cuadraditos allí debajo de "Hiperbolizados", sus propias entradas maravillosas... Sus todo. 

De verdad, muchas gracias por hacerme creer que no es tan difícil cumplir mis sueños, por muy tontos que sean. Prometo intentar -que no cumplir- no abandonarlos tan a menudo. Y creo que cada tanto los molestaré con estos diálogos poco literarios, que me sirven para descargarme, aunque no tengan demasiada poesía interna.

En la próxima semana me iré a un campamento de ayuda social, así que pasarán unos cuantos días sin que publique por aquí. ¡No me extrañéis -extrañen- demasiado!

sábado, 19 de enero de 2013

Perlas y jabón

Perderme...
contigo.

Dejarme llevar al vacío
y caer. 

Desafiar la gravedad,
a tu lado.

No puede ser tan terrible.
¿O sí?




I began to lose control. I was shivering inside. I was swallowing my pain...

viernes, 18 de enero de 2013

Caer...

Nos estamos perdiendo. Me lo advirtieron, que algún día este momento llegaría y yo ya no tendría la capacidad para rechazar lo que antes había creído como aberrante. ¿Cuándo fue que dejé de creer que por perderme en tu anatomía podía esperarme un infierno? ¿Por qué todavía me persigue la voz de mi conciencia? 

Basta, quiero que se calle, no quiero escucharla. Por una vez, necesito que mis monstruos dejen de perseguirme. No voy a poder soportar mucho más tiempo la batalla en su contra. Mi cuerpo no es más que piel y huesos, resecos tras la lucha. Mi alma ya está marchita de tantas penurias, agotada como un limón desgastado de tanto ser exprimido. Ni siquiera las palabras me alcanzan para expresarme. 

Cansancio, demasiado cansancio. Y miedo, mucho miedo. Pánico. Terror. No quiero equivocarme. No quiero equivocarme y darme cuenta demasiado tarde de mi error. No quiero que se cumplan los augurios que vaticinan para nuestro futuro. Pero tampoco quiero vivir en esta tortura que es nuestro presente. No quiero. Miedo. No quiero. Terror. No quiero. Pánico. 

Lágrimas. Gritos. Llanto. Sólo en mi mente. Mi figura es un cuenco vacío, desprovisto de toda emoción, de toda vida. Quiero un abrazo. Te quiero a ti. Quiero que te lleves mis miedos, que te los lleves lejos. Gritar. ¿Por qué necesito tanto gritar? Explotar. Eso quiero. Mi pecho está luchando por quebrarse, por abrirse, por derramar todo su contenido y perderse por las cloacas.

Perderse. Sucumbir. Desaparecer...

Quiero desaparecer

hasta no ser

más que

nada.


miércoles, 16 de enero de 2013

Si vuela una canción

Tarde de lluvia. Soledad. Cierro los ojos e, inevitablemente, te recuerdo. Tus ojos, tu sonrisa enamorada mientras desnudas mi cuerpo con tu mirada. Reposar entre tus brazos y olvidarme del mundo, cerrar los ojos y sentirte junto a mí, nuestros corazones latiendo al unísono. Dejarme caer en tu cama y que mi ropa se deshaga entre tus dedos. Jugar a desafiar límites que, en falsos alardes de moralidad, apenas conseguimos imponernos. 

Te extraño. 

A ti y a esa magia que nos rodea cada vez que tus labios se posan sobre los míos. Esos besos que me llegan al alma y saben exactamente cómo estremecerme. Las caricias que conocen cada rincón de mi cuerpo y derriten mi espina dorsal mientras se deslizan hasta perderse en las curvas de mi cadera.

Te quiero. 

Y quiero vivir nuestro amor completamente ajenos al tiempo. Envejecer entre tus sábanas, sin sentir que pasan los años mientras me pierdo en el aroma de tu aliento. Aullar el placer que recorre mis venas cuando me quitas el aire. Entregarte mi vida en un suspiro, presa de esos segundos eternos que saben a gloria.


Y mientras toco un rato la guitarra, 
pienso que no hay acordes más bonitos que los de mis manos al acariciar tu espalda.


lunes, 14 de enero de 2013

Make a difference

Siempre fui un asco para elegir mis cosas predilectas. Nunca supe si fue por tener una personalidad única o, simplemente, por ser una inmadura que cambia de gustos al igual que de ropa interior (y conste que la cambio a diario).

Algo tan simple como escoger un color. Casi seguro que sería el rosa, por el hecho de que es el color predominante en todos los rincones de mi habitación. Sin embargo, la mayor parte de mis zapatillas son verdes y tengo una debilidad por los colores pasteles, así como también por la gama avejentada de los colores grisáceos. Si me dan a escoger una comida sin la cual no podría vivir, diría papa y huevo, en cualquiera de sus formas. Sin embargo, la comida china es mi pequeña obsesión y no puedo ir a un restaurante sin pedir ñoquis con alguna salsa extraña o pollo al champignon. Me encantan los tallarines con mucha manteca y la sopa en invierno es estrictamente necesaria para mi supervivencia.

Con los grupos de música la tengo aún más difícil, pues mis amores oscilan entre la brutalidad emocional de Avenged Sevenfold y la mística pirata de Mägo de Oz, hasta las dulces canciones de amor de La Oreja de Van Gogh o la melancolía que emanan las melodías de Yann Tiersen. Por otro lado, Muse tiene un nosequé tan intenso que se convirtió en una de mis más grandes debilidades, pero lo intrincado de la composición de la música clásica puede hacer que, dicho vulgarmente, me pille encima. Nickelback es capaz de estremecerme hasta la médula con la voz áspera de Koreger, así como Love of Lesbian me acompaña en todas las tardes de lluvia.  Maná me acompaña desde que tengo memoria, pero hace unos días descubrí que Sum 41 era la pieza faltante en mi vida. 

Si tuviese que elegir una canción, debería dedicarle una entrada completa sólo a dicho tema. Y si de escoger instrumentos se tratase, querría tenerlos todos. Mi estación preferida, supuestamente es la primavera. Sin embargo, me encanta el crujir de las hojas en el otoño, el calor calcinante del sol de verano y las frías noches de invierno donde una montaña de frazadas cubre mi cuerpo hasta casi hacerlo desaparecer. Adoro la playa, el mar revuelto y sus olas que te tumban al más mínimo descuido. Me encanta contemplar la inmensidad de sus aguas y sentir lo ínfima de mi existencia ante tal majestuosidad. Pero, así y todo, los atardeceres en las montañas, cuando todo se vuelve anaranjado en derredor, me llenan de una plenitud que no tiene comparación.

Podría seguir toda la tarde, demostrando una y otra vez que me es imposible escoger una cosa sobre la otra; que mi vida disfruta de todos los aspectos que el mundo, en su gigantesco esplendor, puede ofrecerme. Sin embargo, en este último tiempo algo extraño fue creciendo en mi interior. Al principio no alcanzaba a comprenderlo. ¿Desde cuándo había tenido una certeza tan absoluta en toda mi existencia? Imposible determinarlo. Traté de buscar una explicación, o algo que me permitiese afirmar lo contrario. Sin embargo, allí estaba mi corazón clamando a los cuatro vientos, contra cualquier posible contradicción que mi personalidad pudiese imponerle, que hasta el cielo -ida y vuelta-, mi persona favorita en el mundo eres tú.

domingo, 13 de enero de 2013

Cráteres morales

No sabía valorarse. Acostumbraba a ser un mero juguete en manos de los demás. Su cuerpo era simplemente un objeto con el que los demás podían divertirse. No le gustaba vivir así, pero tampoco conocía otra manera. Hasta que un día, se dijo que -llegado el momento- el chico ideal tampoco la querría si ella era así. E hizo una promesa. Más a sí misma que a alguien más. No volvería a tocar otros labios, jamás. No hasta que llegara él; el indicado. Entonces, daría su último primer beso.


sábado, 12 de enero de 2013

Alma libre

Ese triste solitario
que vivía cerca del sol;
 ropa ajada, pies descalzos,
ojos llenos de valor.

Ese tiene noches frías
y muchas primaveras;
no conoce el vino bueno,
 sólo la miseria. 

Viejo pobre, hombre muerto
levanta tu cabeza,
y responde si de Dios
eso sólo esperas…

Así que su vista alzó
y su boca reseca,
una respuesta balbuceó
hijo mío escucha, mi verdad es ésta:

Mi vida estuvo llena de fracasos
que la sangre controlaba;
dentro mío había algo
que en mi piel no entraba.

Y un día fue que mi alma escapó
de cárcel tan oscura;
por ser libre resucitó
y mi cuerpo abandonó.

Ella sin límites puede volar
y derrotar la tristeza;
de vez en cuando viene a visitar
a su cuerpo en la pobreza.


Marta S. Pizzo de Sinisi

~

Ya que hoy no me vino la inspiración y tampoco quería cortar con el espíritu literario del blog, aprovecho a hacer una nota al pie (que nada tiene que ver con el poema). Quería agradecer a Rebeca, de Mundos Infinitos porque el otro día me obsequió un premio. Nunca fui de entender mucho esas cosas y cuando comprendí que había que publicarlo en mi blog y tal, pues no me entusiasmó demasiado. Pido disculpas, soy muy especial y no me gusta quitarle el "aura" a este sitio. Pero de veras agradezco que me hayas tenido en cuenta. Lo mismo para Lola, de ¿Me abrazas? Lola, que en su momento también me entregó un par de premios y soy tan colgada que nunca la he mencionado.

Perdón por no seguir las reglas y postearlos aquí, no es lo mío, pero agradezco que me hayáis tenido en cuenta. 

viernes, 11 de enero de 2013

Nuestro amo juega al esclavo

Traté de buscarte pero sólo logré perderte. Mis latidos se esfumaron en una brisa de alcohol y espuma, al compás de un rock and roll añejo. La vida sonrió a mis espaldas. Me obligó a voltearme, me invitó a seguirla. Y yo fui tras ella. Tonta e ilusa, con mi ingenua fe casi marchita. 

Un mundo encantado, luces y sueños, desplegado ante mis ojos. Mis sentidos, obnubilados. Lo suficientemente dormidos como para no percibir el engaño, la treta. La suerte estaba echada. Viví en el continuo éxtasis de sentirse morir. Morí con la absoluta certeza de seguir con vida. El final estaba a tan sólo una página de distancia. Y te vi. Lozano y radiante. Dañino y seductor. Clamé tu nombre y le siguió el silencio. El filo de la navaja brilló en tu mano y se deslizó por mi piel dejando un cortante aroma a metálico al pasar.

Sangre y sudor. Mi sangre, tu sudor. ¿O era al revés? ¿Acaso el paraíso tiene barrotes? Han hablado de condenas y locura. Juraría que la muerte me ha pegado la demencia. Pero cada vez que pienso en ti, oigo el estruendo de un disparo y veo el impacto de la bala al atravesar tu cráneo. En mi recuerdo hacía calor y el sudor recorría mi frente.

martes, 8 de enero de 2013

La primavera dura un segundo

"Estaba pensando en vos estando alegre y mi corazón empezó a latir más fuerte."

Ni siquiera los ocho mil kilómetros de distancia que nos separan pudieron evitar que escuchara tus labios pronunciándolo, con el suave badum badum -como te gusta llamarlo- de tu corazón marcando el ritmo de tus palabras. Tampoco impidieron que corrieras más de veinte cuadras para regresar al hotel por miedo de que me fuera a dormir sin que antes pudieras despedirte.

Supongo que de estas cosas hablan los que hablan de amor. Pero soy demasiado egoísta, y a veces me olvido esos versículos de Corintios que tan bien lo describen, que tan bien te describen. Jugamos a ser parecidos, pero en esencia, somos antagonismo puro. Nos peleamos más veces de las que puedo recordar, sin embargo, fueron más las ocasiones en las que prácticamente te obligué a pedirme disculpas que las que me fallaste. A veces, creo que no te merezco, que mis miserias son demasiadas como para que alguien como vos deba soportarlas. No miento si digo que me gané el Gordo de Navidad al conocerte, incluso en el sentido literal de la palabra, que algunos kilos demás hay por ahí. Pero más allá de eso, sos la calma para mis miedos, el perdón para mis pecados, el cuenco para juntar mis lágrimas, la paciencia para calmar mi histeria, mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera...

Y así como canta Sabina, quise escribirte la canción más hermosa del mundo. O al menos, como dice La Oreja de Van Gogh, capturar nuestra historia tan sólo un segundo. Porque la vida se pasa demasiado rápido, los días y los meses también. Y tengo miedo de que el tiempo se escurra entre mis dedos y cuando quiera acordarme, ya no estés. 



Aún habiéndose borrado la entrada, creo haberla escrito casi idéntica (salvo unos agregados a último momento) a la original. Quizás ayudó que te quiero mucho. O tal vez, es que este loco de poco se olvida, por mucho que pasen los años de largo en su vida. Hoy me siento musical.