miércoles, 23 de enero de 2013

Breve introspección

Me han dicho más veces de las que puedo recordar que soy una colgada, que desaparezco del mundo demasiado a menudo. Creo que es por el hecho de que siempre me costó mucho asumir compromisos, avocarme completamente a algo. No sé si tengo mi tinte de inmadurez por esta causa, o bien, es un motivo más profundo e intenso que desconozco. También me suelen interesar demasiadas cosas e inicio más proyectos de los que puedo abarcar.

Pero en el área de los conocidos y las amistades, todos coinciden en que tengo que "aparecer" más seguido, que hace mucho no salgo con ellos. A veces es por cuestiones de dinero, otras por falta de ganas... Pero también creo que, en el fondo, me gusta llamar un poco la atención. Quizás intentando descubrir si verdaderamente les importo. 

...


Dejando de lado mi breve momento de reflexión personal. Me apena no haber podido cumplir mi meta de postear más seguido. La inspiración raras veces llega a mi cansado cerebro. Como meditaba antes, demasiados proyectos en mente y siento que no llego a cumplirlos todos. Pero sí me alegra ver -gran sorpresa para mí cuando entre hoy a revisar el blog- que he alcanzado los cien seguidores y antes de lo que esperaba (era mi meta para las cien entradas, que tampoco faltan tantas). No saben (iba a poner sabéis, pero retuve mi español trucho a tiempo) lo feliz que me hacen con sus comentarios, sus cuadraditos allí debajo de "Hiperbolizados", sus propias entradas maravillosas... Sus todo. 

De verdad, muchas gracias por hacerme creer que no es tan difícil cumplir mis sueños, por muy tontos que sean. Prometo intentar -que no cumplir- no abandonarlos tan a menudo. Y creo que cada tanto los molestaré con estos diálogos poco literarios, que me sirven para descargarme, aunque no tengan demasiada poesía interna.

En la próxima semana me iré a un campamento de ayuda social, así que pasarán unos cuantos días sin que publique por aquí. ¡No me extrañéis -extrañen- demasiado!

sábado, 19 de enero de 2013

Perlas y jabón

Perderme...
contigo.

Dejarme llevar al vacío
y caer. 

Desafiar la gravedad,
a tu lado.

No puede ser tan terrible.
¿O sí?




I began to lose control. I was shivering inside. I was swallowing my pain...

viernes, 18 de enero de 2013

Caer...

Nos estamos perdiendo. Me lo advirtieron, que algún día este momento llegaría y yo ya no tendría la capacidad para rechazar lo que antes había creído como aberrante. ¿Cuándo fue que dejé de creer que por perderme en tu anatomía podía esperarme un infierno? ¿Por qué todavía me persigue la voz de mi conciencia? 

Basta, quiero que se calle, no quiero escucharla. Por una vez, necesito que mis monstruos dejen de perseguirme. No voy a poder soportar mucho más tiempo la batalla en su contra. Mi cuerpo no es más que piel y huesos, resecos tras la lucha. Mi alma ya está marchita de tantas penurias, agotada como un limón desgastado de tanto ser exprimido. Ni siquiera las palabras me alcanzan para expresarme. 

Cansancio, demasiado cansancio. Y miedo, mucho miedo. Pánico. Terror. No quiero equivocarme. No quiero equivocarme y darme cuenta demasiado tarde de mi error. No quiero que se cumplan los augurios que vaticinan para nuestro futuro. Pero tampoco quiero vivir en esta tortura que es nuestro presente. No quiero. Miedo. No quiero. Terror. No quiero. Pánico. 

Lágrimas. Gritos. Llanto. Sólo en mi mente. Mi figura es un cuenco vacío, desprovisto de toda emoción, de toda vida. Quiero un abrazo. Te quiero a ti. Quiero que te lleves mis miedos, que te los lleves lejos. Gritar. ¿Por qué necesito tanto gritar? Explotar. Eso quiero. Mi pecho está luchando por quebrarse, por abrirse, por derramar todo su contenido y perderse por las cloacas.

Perderse. Sucumbir. Desaparecer...

Quiero desaparecer

hasta no ser

más que

nada.


miércoles, 16 de enero de 2013

Si vuela una canción

Tarde de lluvia. Soledad. Cierro los ojos e, inevitablemente, te recuerdo. Tus ojos, tu sonrisa enamorada mientras desnudas mi cuerpo con tu mirada. Reposar entre tus brazos y olvidarme del mundo, cerrar los ojos y sentirte junto a mí, nuestros corazones latiendo al unísono. Dejarme caer en tu cama y que mi ropa se deshaga entre tus dedos. Jugar a desafiar límites que, en falsos alardes de moralidad, apenas conseguimos imponernos. 

Te extraño. 

A ti y a esa magia que nos rodea cada vez que tus labios se posan sobre los míos. Esos besos que me llegan al alma y saben exactamente cómo estremecerme. Las caricias que conocen cada rincón de mi cuerpo y derriten mi espina dorsal mientras se deslizan hasta perderse en las curvas de mi cadera.

Te quiero. 

Y quiero vivir nuestro amor completamente ajenos al tiempo. Envejecer entre tus sábanas, sin sentir que pasan los años mientras me pierdo en el aroma de tu aliento. Aullar el placer que recorre mis venas cuando me quitas el aire. Entregarte mi vida en un suspiro, presa de esos segundos eternos que saben a gloria.


Y mientras toco un rato la guitarra, 
pienso que no hay acordes más bonitos que los de mis manos al acariciar tu espalda.


lunes, 14 de enero de 2013

Make a difference

Siempre fui un asco para elegir mis cosas predilectas. Nunca supe si fue por tener una personalidad única o, simplemente, por ser una inmadura que cambia de gustos al igual que de ropa interior (y conste que la cambio a diario).

Algo tan simple como escoger un color. Casi seguro que sería el rosa, por el hecho de que es el color predominante en todos los rincones de mi habitación. Sin embargo, la mayor parte de mis zapatillas son verdes y tengo una debilidad por los colores pasteles, así como también por la gama avejentada de los colores grisáceos. Si me dan a escoger una comida sin la cual no podría vivir, diría papa y huevo, en cualquiera de sus formas. Sin embargo, la comida china es mi pequeña obsesión y no puedo ir a un restaurante sin pedir ñoquis con alguna salsa extraña o pollo al champignon. Me encantan los tallarines con mucha manteca y la sopa en invierno es estrictamente necesaria para mi supervivencia.

Con los grupos de música la tengo aún más difícil, pues mis amores oscilan entre la brutalidad emocional de Avenged Sevenfold y la mística pirata de Mägo de Oz, hasta las dulces canciones de amor de La Oreja de Van Gogh o la melancolía que emanan las melodías de Yann Tiersen. Por otro lado, Muse tiene un nosequé tan intenso que se convirtió en una de mis más grandes debilidades, pero lo intrincado de la composición de la música clásica puede hacer que, dicho vulgarmente, me pille encima. Nickelback es capaz de estremecerme hasta la médula con la voz áspera de Koreger, así como Love of Lesbian me acompaña en todas las tardes de lluvia.  Maná me acompaña desde que tengo memoria, pero hace unos días descubrí que Sum 41 era la pieza faltante en mi vida. 

Si tuviese que elegir una canción, debería dedicarle una entrada completa sólo a dicho tema. Y si de escoger instrumentos se tratase, querría tenerlos todos. Mi estación preferida, supuestamente es la primavera. Sin embargo, me encanta el crujir de las hojas en el otoño, el calor calcinante del sol de verano y las frías noches de invierno donde una montaña de frazadas cubre mi cuerpo hasta casi hacerlo desaparecer. Adoro la playa, el mar revuelto y sus olas que te tumban al más mínimo descuido. Me encanta contemplar la inmensidad de sus aguas y sentir lo ínfima de mi existencia ante tal majestuosidad. Pero, así y todo, los atardeceres en las montañas, cuando todo se vuelve anaranjado en derredor, me llenan de una plenitud que no tiene comparación.

Podría seguir toda la tarde, demostrando una y otra vez que me es imposible escoger una cosa sobre la otra; que mi vida disfruta de todos los aspectos que el mundo, en su gigantesco esplendor, puede ofrecerme. Sin embargo, en este último tiempo algo extraño fue creciendo en mi interior. Al principio no alcanzaba a comprenderlo. ¿Desde cuándo había tenido una certeza tan absoluta en toda mi existencia? Imposible determinarlo. Traté de buscar una explicación, o algo que me permitiese afirmar lo contrario. Sin embargo, allí estaba mi corazón clamando a los cuatro vientos, contra cualquier posible contradicción que mi personalidad pudiese imponerle, que hasta el cielo -ida y vuelta-, mi persona favorita en el mundo eres tú.

domingo, 13 de enero de 2013

Cráteres morales

No sabía valorarse. Acostumbraba a ser un mero juguete en manos de los demás. Su cuerpo era simplemente un objeto con el que los demás podían divertirse. No le gustaba vivir así, pero tampoco conocía otra manera. Hasta que un día, se dijo que -llegado el momento- el chico ideal tampoco la querría si ella era así. E hizo una promesa. Más a sí misma que a alguien más. No volvería a tocar otros labios, jamás. No hasta que llegara él; el indicado. Entonces, daría su último primer beso.


sábado, 12 de enero de 2013

Alma libre

Ese triste solitario
que vivía cerca del sol;
 ropa ajada, pies descalzos,
ojos llenos de valor.

Ese tiene noches frías
y muchas primaveras;
no conoce el vino bueno,
 sólo la miseria. 

Viejo pobre, hombre muerto
levanta tu cabeza,
y responde si de Dios
eso sólo esperas…

Así que su vista alzó
y su boca reseca,
una respuesta balbuceó
hijo mío escucha, mi verdad es ésta:

Mi vida estuvo llena de fracasos
que la sangre controlaba;
dentro mío había algo
que en mi piel no entraba.

Y un día fue que mi alma escapó
de cárcel tan oscura;
por ser libre resucitó
y mi cuerpo abandonó.

Ella sin límites puede volar
y derrotar la tristeza;
de vez en cuando viene a visitar
a su cuerpo en la pobreza.


Marta S. Pizzo de Sinisi

~

Ya que hoy no me vino la inspiración y tampoco quería cortar con el espíritu literario del blog, aprovecho a hacer una nota al pie (que nada tiene que ver con el poema). Quería agradecer a Rebeca, de Mundos Infinitos porque el otro día me obsequió un premio. Nunca fui de entender mucho esas cosas y cuando comprendí que había que publicarlo en mi blog y tal, pues no me entusiasmó demasiado. Pido disculpas, soy muy especial y no me gusta quitarle el "aura" a este sitio. Pero de veras agradezco que me hayas tenido en cuenta. Lo mismo para Lola, de ¿Me abrazas? Lola, que en su momento también me entregó un par de premios y soy tan colgada que nunca la he mencionado.

Perdón por no seguir las reglas y postearlos aquí, no es lo mío, pero agradezco que me hayáis tenido en cuenta. 

viernes, 11 de enero de 2013

Nuestro amo juega al esclavo

Traté de buscarte pero sólo logré perderte. Mis latidos se esfumaron en una brisa de alcohol y espuma, al compás de un rock and roll añejo. La vida sonrió a mis espaldas. Me obligó a voltearme, me invitó a seguirla. Y yo fui tras ella. Tonta e ilusa, con mi ingenua fe casi marchita. 

Un mundo encantado, luces y sueños, desplegado ante mis ojos. Mis sentidos, obnubilados. Lo suficientemente dormidos como para no percibir el engaño, la treta. La suerte estaba echada. Viví en el continuo éxtasis de sentirse morir. Morí con la absoluta certeza de seguir con vida. El final estaba a tan sólo una página de distancia. Y te vi. Lozano y radiante. Dañino y seductor. Clamé tu nombre y le siguió el silencio. El filo de la navaja brilló en tu mano y se deslizó por mi piel dejando un cortante aroma a metálico al pasar.

Sangre y sudor. Mi sangre, tu sudor. ¿O era al revés? ¿Acaso el paraíso tiene barrotes? Han hablado de condenas y locura. Juraría que la muerte me ha pegado la demencia. Pero cada vez que pienso en ti, oigo el estruendo de un disparo y veo el impacto de la bala al atravesar tu cráneo. En mi recuerdo hacía calor y el sudor recorría mi frente.

martes, 8 de enero de 2013

La primavera dura un segundo

"Estaba pensando en vos estando alegre y mi corazón empezó a latir más fuerte."

Ni siquiera los ocho mil kilómetros de distancia que nos separan pudieron evitar que escuchara tus labios pronunciándolo, con el suave badum badum -como te gusta llamarlo- de tu corazón marcando el ritmo de tus palabras. Tampoco impidieron que corrieras más de veinte cuadras para regresar al hotel por miedo de que me fuera a dormir sin que antes pudieras despedirte.

Supongo que de estas cosas hablan los que hablan de amor. Pero soy demasiado egoísta, y a veces me olvido esos versículos de Corintios que tan bien lo describen, que tan bien te describen. Jugamos a ser parecidos, pero en esencia, somos antagonismo puro. Nos peleamos más veces de las que puedo recordar, sin embargo, fueron más las ocasiones en las que prácticamente te obligué a pedirme disculpas que las que me fallaste. A veces, creo que no te merezco, que mis miserias son demasiadas como para que alguien como vos deba soportarlas. No miento si digo que me gané el Gordo de Navidad al conocerte, incluso en el sentido literal de la palabra, que algunos kilos demás hay por ahí. Pero más allá de eso, sos la calma para mis miedos, el perdón para mis pecados, el cuenco para juntar mis lágrimas, la paciencia para calmar mi histeria, mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera...

Y así como canta Sabina, quise escribirte la canción más hermosa del mundo. O al menos, como dice La Oreja de Van Gogh, capturar nuestra historia tan sólo un segundo. Porque la vida se pasa demasiado rápido, los días y los meses también. Y tengo miedo de que el tiempo se escurra entre mis dedos y cuando quiera acordarme, ya no estés. 



Aún habiéndose borrado la entrada, creo haberla escrito casi idéntica (salvo unos agregados a último momento) a la original. Quizás ayudó que te quiero mucho. O tal vez, es que este loco de poco se olvida, por mucho que pasen los años de largo en su vida. Hoy me siento musical.