domingo, 12 de mayo de 2013

Pirinfrines de una mertrichada

La desesperación y la angustia se las han arreglado para ahogarme en mis pesadillas, en ese maldito lugar en el cual no puedo escapar de los monstruos que me acechan. Estúpidos engendros que se regodean en mi propia miseria. Soy sólo una pobre alma humana, o al menos un intento de ello. Un vago recuerdo que la pluma de algún escritor poco cohibido dejó olvidado en el mundo. Y para colmo, a medio escribir. ¿Por qué  no podía simplemente dejarme completa? ¿Qué necesidad había de rejuntar pedacitos no pertenecientes a un mismo todo y agruparlos, con la hilarante certeza de que la obra resultante sería poco más que un estropajo?

Caos. El mismo caos que produce una muñeca de trapo remendada cuando la miras demasiado y entras a darte cuenta de sus asquerosos detalles. Esa boca torcida y ese parche roto por el cual comienza a perder relleno. Es que mis pensamientos se van así, como olas, mareas insensatas, ríos caudalosos que no tienen sentido ni razón. Pero, ¿qué tiene razón en este mundo? ¿Quién dice que la errada soy yo y no el resto? ¿Acaso no puedo ser la más cuerda dentro de mis propios delirios?

Porque lo tenebroso no es pureza. Y la pureza es buena. Lo otro es malo. ¿Qué es esto? ¿Qué es lo otro? No sé. Del paraíso al infierno hay un paso, nada más. Y ese paso todavía no sé si aún estoy por darlo o ya lo dejé atrás. Me siento presa de mi propia locura, como en esas épocas donde mi alma tan sólo fluía y no se preocupaba por existir de una manera decente. Creía haberlo superado, o de no ser así, haber encontrado un equilibrio en aquella área tan alejada de mi zona de confort. Pero al parecer, siempre se puede caer más hondo. Estoy arruinada, sin haber siquiera comenzado a arruinarme. Mi mente y mi cuerpo sólo quieren sumirse en un profundo letargo. No quiero despertar, la vida me agobia tanto que sólo pienso en volver a dormirme. Pero al llegar a ese punto, los que deberían ser sueños apacibles que me acompañasen en mi descanso, se convierten en pesadillas, cerrando el ciclo que vuelve a comenzar.

La alegría y el placer se impregnan de sangre y hedor. La vida se ve surcada por senderos de muerte y podredumbre. Dolor. Dolor. Dolor. ¿Por qué algo tan lindo me hace tan mal? 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Combustión del metano

Últimamente sólo quiero perderme y no encontrarme. Deambular por los pasadizos más recónditos del mundo y descubrir las historia que esconden en cada uno de sus rincones. Quiero reír, sentir, gritar... Vivir. 

Pero si lo hago, temo alejarme demasiado de ti y no encontrar el camino que me lleve de vuelta a tu lado. No quiero quedarme sin tu presencia, porque la libertad no es tan deliciosa si no la vivo contigo.