jueves, 20 de marzo de 2014

Metamorfosis

A veces me pregunto el por qué de las cosas. Suelo hacerlo bastante a menudo, quizás más de lo que me gustaría. Especialmente, mis cuestionamientos abordan las razones más absurdas que me rodean y me moldean. Hay demasiadas cosas que no comprendo, o que aún llegando a entenderlas hubiese deseado no tener que preguntarme acerca de ellas.

Tantas cosas me dan miedo que van rompiéndome de a poquito, en pequeños pedacitos que voy dejando por aquí y por allá. Cada vez que me miro al espejo, descubro que en mi reflejo hay un poco menos de mí y un poco más de alguien a quien no conozco. Quizás podría llegar a conocer a ese alguien nuevo, si tan sólo me hiciese menos preguntas... A veces alcanzo tal velocidad de autodestrucción que cuando vuelvo a levantarme me encuentro frente a alguien completamente desconocido. Pero ese alguien aún sigue preguntándose el por qué de las cosas. 

Quizás eso es lo único que mantiene unido el principio y el fin de mi existencia: las preguntas. Quizás, si algún día mi cerebro finalmente se callara, no quedaría nada más de mí en ese alguien. Hay días en que me gustaría poder lograrlo, aunque sea solamente un segundo. Pero, nuevamente, me da miedo... Me da miedo que, llegado ese momento, no sea capaz de encontrar el camino de vuelta.